El domingo 30 de noviembre de 2025, el humo espeso y festivo que emanaba desde los inodoros fallados y oscuros de la tradicional casa de sanitarios de la Avenida 44 de La Plata, tapaba por completo la visión del verdadero futuro cercano y triste del club más antiguo del país.
Con más del 74 por ciento de los votos de los socios del Lobo a su favor, contabilizados la tarde noche del día anterior luego de una elección rara y amañada, el dirigente libertario Carlos Anacleto se alzaba con una victoria histórica pero esperada. Había vendido tanto humo que todos creyeron que luego venía el asado.
Hombre de máxima confianza del odiado ministro nacional Federico Sturzenegger, además de militante digital y aportante monetario de Javier Milei, el controvertido presidente de Gimnasia y Esgrima La Plata es también admirador confeso de Juan Sebastián Verón, el ídolo y conductor de Estudiantes, el histórico archienemigo del triperío.
Anacleto hizo toda su campaña destruyendo estratégicamente la prolija pero magra gestión de su antecesor, el peronista Mariano Cowen. Para entender por qué la gente del Lobo, el club de los pobres (en La Plata, Gimnasia es como Boca y Estudiantes es como River en Buenos Aires), terminó votando masivamente a un antiperonista furioso en el club de los peronistas, hay que entender el momento y los actores.
Cowen había agarrado a Gimnasia tras la escandalosa salida de Gabriel Pellegrino, el hombre que aquel histórico jueves 5 de septiembre de 2019 sentó a D10S en el banco del Lobo, pero destruyó las arcas del club con una administración que alternó entre una altísima emotividad y un desorden institucional y económico pocas veces visto.
Ante semejante escenario, Cowen y su equipo decidieron que la prioridad era ordenar a la institución de calle 4 y 53 si se pretendía que Gimnasia peleara por cosas grandes. En los últimos balances triperos solo había deudas y desprolijidad. Contratos carísimos e impagables de jugadores que no jugaban y deudas siderales con varios técnicos. También estaban muy atrasados en los pagos a proveedores, servicios y empleados del club.
En el afán de ordenar para barajar y dar de nuevo, la administración Cowen decidió apostar a profesionales de contratos bajos y chicos del semillero propio. Pero en un club de fútbol, lo único que importa es que la pelota entre en el arco adversario. Y en los tres años de Cowen la pelota no entró.
Cuando los jugadores que llegan son esos que cobran poco y para colmos se los mezcla con pibes inexpertos, que la pelota no entre es la única opción posible. La gente siempre quiere un club ordenado, pero antes quiere un equipo que gane. Por eso, para ordenar primero hay que ganar. Y para ganar hay que invertir en jugadores buenos y técnicos reconocidos.
Con cada partido que perdía el Gimnasia de Cowen, la campaña de destrucción sistemática montada por Anacleto y su espacio, Usina Tripera, con la inestimable ayuda del Coloso Sturze (cuyo principal objetivo era hacer del Lobo una SAD), se volvía más virulenta y despiadada. La táctica para ganar la elección fue exitosa, sin dudas. Pero después había que gobernar esa misma institución que destruyeron, y ahí se complicaron las cosas.
Anacleto asumió humillando a la comisión anterior y amenazando con denunciar anormalidades de Cowen que nunca encontró. Prometió invertir 80 millones de dólares para hacer un estadio nuevo en el bosque. Y asegurando que iban a llegar al Lobo jugadores de alto vuelo futbolístico para ganar campeonatos y sacar a Gimnasia de la catarata interminable de derrotas clásicas.
Nada de todo eso ocurrió: nunca denunciaron a Cowen porque no encontraron nada serio. El estadio carece de mantenimiento (como las rutas nacionales) y sólo pusieron unas llamativas pantallas led para que los amigos del poder hagan enormes negocios con la publicidad y al club solo le queden monedas.
En cuanto al equipo de primera, sólo llegaron refuerzos de menor o igual jerarquía que los que se iban. Sólo el enorme y eterno Nacho Fernández hace la diferencia, pero ese no es un logro de Anacleto sino solamente el momento justo en que el ídolo decidió volver. Y volvió con todo. Es el mejor Nacho Fernández de toda su larga carrera. Pero tira una pared y le devuelven un ladrillazo. Es un plantel con menos jerarquía que el gabinete nacional.
El salto de calidad debió haberlo dado con el DT, opinan los sufridos y fielísimos hinchas triperos, pero Anacleto prefirió mantener a Zanirato, un buen tipo de la casa y muy económico que venía ganando todo, aunque apenas perdió tres partidos lo sacrificaron y lo echaron como un perro para lavar sus culpas.
Entonces todos pensaron que había llegado el momento de ir por un técnico grande, que recomiende y traiga grandes jugadores para ir por grandes cosas. Sin embargo, grande fue la sorpresa cuando volvieron a decidirse por otro inexperto de la casa: el gran Pata Pereyra, que metió un récord mayor que el de Zanirato, con 10 victorias de 12.
Pero todo se derrumbó en el clásico del último sábado en UNO. Si, justo ahí, en el partido del año, contra Estudiantes, donde más duele. Y para completarla, sólo tres días después de semejante golpe llegó otro mazazo demoledor: Gimnasia quedó afuera de la Copa Argentina contra 10 suplentes de 11 de Riestra. Si Riestra, no River…
Sin embargo, empecinado en pijotear en DT's, jugadores y otras yerbas, Anacleto y sus secuaces volvieron a sumergir a Gimnasia en la parte más negra de la historia de los clásicos: dos jugados, dos perdidos; y el último este sábado, por humillación. Eso de admirar tanto a Verón como Milei a Trump no parece lo más aconsejable, ni para Gimnasia ni para el país. Aunque el humo diga lo contrario.
Por eso, si Cowen que fue prolijo se fue sin siquiera poder presentarse a una posible reelección y al borde de la humillación, solo por los resultados futbolísticos, aun habiendo ganado un clásico de la mano de Chirola Romero y con todos los pibes, imaginemos cuál puede ser el destino del bocón, mentiroso y soberbio Carlos Anacleto si decide mantenerse por la senda que hasta aquí viene transitando.
Buscar similitudes entre la calamitosa gestión de Carlos Anacleto y el macabro gobierno de Javier Milei, se ha transformado entre el triperío en un juego más triste e inquietante que el del calamar (la serie de Nétflix digo, no el club Platense. Ojo). Destruir es mucho más fácil que construir. Lo sabe cualquiera que sea malo, pero Anacleto es malo y b0lvd0, una combinación poco recomendable.
Felicidades al presidente de @gimnasiaoficial recientemente electo, Carlos Anacleto, a su nueva Comisión Directiva y a todos los socios y socias del Lobo que emitieron su voto y vivieron una gran jornada democrática. https://t.co/uTYw48mXKM
— Chiqui Tapia (@tapiachiqui) December 1, 2025
Lo que tenés que saber sobre la crisis en Gimnasia
La falsa tierra prometida: Promesas de 80 millones de dólares en inversiones que quedaron reducidas a pantallas LED y negocios para amigos del poder.
Papelones en serie: Derrotas humillantes en los clásicos y eliminación vergonzosa en la Copa Argentina frente a Deportivo Riestra.
Desgaste institucional: Una conducción empecinada en recortar presupuestos mientras el plantel sufre falta de jerarquía y desidia edilicia.