El clan político encabezado por los Granados ha demostrado ser una maquinaria insaciable de inoperancia, sumiendo al partido de Ezeiza en la más absoluta miseria estructural y colocándolo, sin atenuantes, en el último y bochornoso puesto, el número 24, de todo el conurbano bonaerense. Lejos de cualquier gestión eficiente, el municipio gobernado históricamente por esta dinastía se convirtió en el retrato fiel del abandono institucional, la desidia administrativa y el atraso crónico que devasta a la región.
Un estudio lapidario elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires desnudó la catástrofe de una administración feudal que fracasó en absolutamente todas las áreas de la vida comunitaria. Esta gestión pulverizó el bienestar de los vecinos bajo una fachada de promesas vacías, prebendas y feudos familiares asentados sobre la pobreza.
La catástrofe administrada por Gastón Granados quedó reflejada de manera impiadosa en el Índice de Gestión Estratégica de Ciudades de la alta casa de estudios, arrojando una paupérrima calificación global de apenas 1,96 puntos sobre un total de 5. Con esta cifra escandalosa, Ezeiza se convierte en el único municipio de todo el territorio metropolitano que resulta incapaz de superar siquiera la barrera de los 2 puntos, quedando abismalmente lejos del promedio general de 2,71 que ostenta el conurbano. La brecha con distritos mejor administrados, como Vicente López que alcanza los 3,39 puntos, expone de cuerpo entero la absoluta incapacidad operativa de un clan que convirtió al distrito en un terreno desértico de oportunidades. No existen excusas técnicas ni políticas válidas para semejante derrumbe institucional, el cual refleja un colapso generalizado producto de décadas de manejo discrecional y anclado en intereses personales.
En materia de política e institucionalidad, Gastón Granados hundió a Ezeiza hasta el último puesto de todo el conurbano con unos indignantes 1,48 puntos que escandalizan a cualquier analista. Este valor representa la peor marca absoluta de la región metropolitana, evidenciando una falta total de transparencia, una opacidad alarmante en los mecanismos de gestión gubernamental y un desprecio absoluto por los estándares mínimos de gobernanza moderna. La administración municipal opera como si fuese una estancia privada de propiedad feudal, donde la rendición de cuentas brilla por su total ausencia y las instituciones se encuentran vaciadas de contenido republicano. Los ciudadanos quedan así a merced de una casta que prioriza sus propios negocios por encima del funcionamiento elemental de los resortes estatales y del bienestar comunitario.
El colapso social bajo el mando de Gastón tampoco conoce límites ni atenuantes, situando al distrito una vez más en el último puesto absoluto en la dimensión social con un magro 1,91 puntos. Las familias de Ezeiza sufren cotidianamente las catastróficas consecuencias de un sistema de salud municipal colapsado, una infraestructura educativa paupérrima y abandonada, empleos absolutamente precarizados y bolsones de inseguridad totalmente descontrolados. El municipio no garantiza en lo más mínimo las condiciones básicas de subsistencia ni el desarrollo humano elemental para sus habitantes, condenándolos sistemáticamente a la marginación estructural más cruel. Mientras tanto, la dirigencia política local se desentiende por completo de los dramas cotidianos que asolan los barrios, viviendo en una burbuja de privilegios ajena al dolor social.
El panorama económico y ambiental completa el cuadro dantesco de la gestión de Granados, ubicando al municipio nuevamente en el último lugar de la tabla de desarrollo económico local. Esto refleja una incapacidad absoluta para atraer inversiones privadas genuinas, fomentar la producción del distrito o generar puestos de trabajo formales y sustentables para los vecinos. A este descalabro se le suma el área de medio ambiente con apenas 1,97 puntos, un sector crítico caracterizado por basurales endémicos, nulo saneamiento, gestión paupérrima de residuos y un desinterés criminal por el cuidado de los recursos naturales. Paralelamente, la infraestructura urbana arrastra un atraso medieval, con una falta escandalosa de redes cloacales, agua potable y conectividad básica que margina a sectores enteros.
La dinastía de los Granados pasará sin escalas a la historia más negra del conurbano bonaerense como la responsable directa de haber arrodillado a Ezeiza hasta convertirlo en el peor lugar de toda la región para vivir, trabajar o proyectar un futuro digno. Haber destruido por completo el tejido social, económico e institucional de un distrito estratégico mediante la más absoluta desidia, el clientelismo y la incompetencia crónica constituye un hito imperdonable que condena la gestión de Granados al más lapidario repudio histórico. Las lapidarias cifras de la Universidad de Buenos Aires no representan más que el certificado absoluto de defunción política de un modelo feudal que exprimió al municipio hasta dejarlo sin pulso vital. Este clan político sepultó las esperanzas de miles de vecinos en un triste monumento a la decadencia, demostrando que su paso por el poder solo trajo ruina, atraso y vergüenza para todo el partido de Ezeiza.