La reunión se produjo durante la noche del martes y tuvo como anfitrión al intendente de San Fernando, Juan Andreotti, uno de los dirigentes más estrechamente vinculados al Frente Renovador. Hasta allí llegó un grupo heterogéneo de jefes comunales que viene recorriendo las diferentes terminales del peronismo bonaerense.
Después de sentarse con Kicillof y Máximo Kirchner, los intendentes fueron a escuchar qué tiene para ofrecer Massa en el complejo rompecabezas que conduce hacia 2027.
Participaron Federico Otermín, de Lomas de Zamora; Federico Achával, de Pilar; Gastón Granados, de Ezeiza; Mariel Fernández, de Moreno; Federico Susbielles, de Bahía Blanca; Gustavo Menéndez, de Merlo; Juan de Jesús, del Partido de la Costa; Marisa Fassi, de Cañuelas, y Nicolás Mantegazza, de San Vicente.
No conforman un bloque ideológicamente uniforme, pero comparten una preocupación: evitar quedar atrapados como espectadores de una guerra entre Kicillof, el cristinismo y el massismo.
Massa aprovechó la conversación para ubicarse en el lugar político que viene cultivando desde hace meses: menos como protagonista de una pelea inmediata por cargos y más como articulador de las distintas partes del justicialismo.
Su mensaje central fue que el peronismo solamente podrá enfrentar competitivamente a Javier Milei si consigue preservar la unidad.
“Quiero ser el arquitecto de la unidad” resume la posición que Massa pretende ocupar: construir el edificio común sin renunciar, llegado el momento, a vivir en el piso más importante.
No es una caracterización completamente nueva, dirigentes que frecuentan sus oficinas de Avenida del Libertador ya venían definiéndolo precisamente como un “arquitecto de la unidad”. Massa mantuvo durante estos años conversaciones con referentes del kirchnerismo, intendentes y dirigentes cercanos al gobernador, aunque muchas veces esos contactos transcurrieron lejos de las cámaras.
Su apuesta consiste en convertirse en el hombre al que todos necesiten llamar cuando llegue la hora de cerrar un acuerdo que ninguno pueda construir por separado.

El exministro de Economía defendió ante los intendentes la utilización de las PASO nacionales como herramienta para procesar las diferencias internas, una posición que ya había formado parte de conversaciones anteriores entre los principales referentes del peronismo.
La idea contempla primarias tanto para definir la candidatura presidencial como para resolver la sucesión bonaerense. Massa propone que haya competencia, pero dentro de un acuerdo previo sobre las reglas del juego que impida que la interna termine destruyendo al ganador.
La fórmula tiene una lógica evidente frente al panorama actual, porque Kicillof construye su propio proyecto nacional desde el Movimiento Derecho al Futuro, el cristinismo mantiene una estructura territorial poderosa y el Frente Renovador volvió a aceitar su maquinaria. El acuerdo político entre esos sectores todavía está lejos de encontrarse cerrado.
La unidad que Massa propone no supone eliminar las candidaturas, sino conseguir que quien pierda una primaria acompañe después a quien consiga imponerse.
Existe, sin embargo, una segunda dimensión de la estrategia massista. Mientras el líder del Frente Renovador reivindica la necesidad de mantener unido al peronismo, sus dirigentes comenzaron a organizarse sección electoral por sección electoral en la provincia de Buenos Aires, fortaleciendo candidatos municipales y preparando una estructura propia para 2027.
Massa quiere llegar a la mesa de la unidad, pero no piensa hacerlo con las manos vacías: está acumulando poder territorial antes de sentarse a repartir las cartas.
Durante los últimos días, el Frente Renovador intensificó reuniones en la Sexta, Quinta, Cuarta y Tercera Sección, con encuentros de intendentes, legisladores y concejales. En la Quinta, por ejemplo, el massismo calcula que tiene capacidad para disputar internamente en 14 de los 27 municipios, una sección que concentra más de 1,3 millones de electores. La construcción territorial demuestra que el “arquitecto” no solamente está dibujando los planos de la unidad: también está levantando su propia estructura dentro del edificio.
Días antes de la cumbre con la Liga de Intendentes, Massa había reunido a cinco jefes comunales de la Sexta Sección: Pablo Garate, de Tres Arroyos; Sergio Bordoni, de Tornquist; Ricardo Marino, de Patagones; Matías Nebot, de Saavedra, y Carlos Bevilacqua, de Villarino. Allí la conversación tuvo un contenido electoral mucho más explícito. Frente a sus propios intendentes, Massa dejó abierta sin demasiados rodeos la puerta de una nueva candidatura presidencial.
“Si hay que jugar, vamos a jugar”, fue una de las definiciones que trascendieron de aquel encuentro, acompañada por otra igualmente significativa: “si hay que poner el pecho, se va a poner”.
Algunos participantes interpretaron esas palabras como una manifestación concreta de voluntad para competir nuevamente en 2027. El Massa mediador y el Massa candidato no son necesariamente dos proyectos contradictorios: construir la unidad también puede ser el camino para terminar encabezándola.
Mientras Massa administra los tiempos y evita una proclamación formal, dirigentes de su espacio comenzaron a hacer el trabajo público. El diputado provincial Carlos Puglelli, exintendente de San Andrés de Giles, sostuvo recientemente que el tigrense es un actor fundamental para consolidar la unidad y lo definió como la persona más preparada para ocupar la Presidencia. El mecanismo es conocido: el candidato todavía no se lanza, pero quienes lo rodean empiezan a instalar que debería hacerlo.
Dirigentes que conversan habitualmente con Massa tampoco descartan esa alternativa y consideran que, si encuentra condiciones competitivas, volverá a intentarlo.
La posibilidad de una PASO nacional resulta particularmente funcional para esa estrategia, porque permitiría medirlo frente a Kicillof u otros aspirantes sin necesidad de romper previamente el frente opositor. Massa no necesita anunciar hoy que será candidato: necesita llegar al momento de las definiciones con suficiente poder como para que nadie pueda descartarlo.
El gobernador bonaerense tampoco espera inmóvil. Imposibilitado de buscar una nueva reelección bajo las reglas actualmente vigentes, Kicillof profundiza la construcción nacional del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y busca trascender definitivamente las fronteras bonaerenses. Sus dirigentes trabajan para instalarlo como principal referencia opositora frente a Milei.
Mientras Massa habla de arquitectura, Kicillof intenta demostrar que ya tiene los votos, los intendentes y la estructura necesarios para ocupar naturalmente la candidatura presidencial.
El gobernador cuenta además con una cantidad importante de intendentes bonaerenses y dentro de su espacio aparecen nombres con pretensiones para sucederlo en 2027, entre ellos Jorge Ferraresi, Julio Alak, Fernando Espinoza y Gabriel Katopodis.
Desde el massismo observan esa fortaleza con una lectura menos generosa y sostienen que habrá que comprobar cuánto permanece unido ese dispositivo cuando se resuelva la discusión sobre las reelecciones municipales. La verdadera batalla bonaerense será determinar quién controla a los intendentes cuando ya no alcance con una fotografía conjunta para demostrar conducción.
Precisamente allí aparece una de las diferencias más delicadas. El Frente Renovador fue protagonista de la legislación que en 2016 limitó las reelecciones indefinidas de los intendentes bonaerenses y varios de sus dirigentes mantienen aquella posición, mientras Kicillof impulsa una modificación que permita nuevamente competir a los jefes comunales alcanzados por el límite. El tema toca el nervio más sensible de cualquier intendente: su propia supervivencia política después de 2027.
En la cena del martes, sin embargo, Massa envió una señal conciliadora. Aunque ratificó que mantiene su posición histórica, les indicó que no se transformará en un obstáculo para la discusión sobre las reelecciones.
Es una concesión importante hacia los intendentes que pretenden modificar la legislación y también hacia Kicillof. El arquitecto parece haber entendido que resulta difícil construir unidad mientras una parte importante de quienes deben habitarla teme quedarse sin intendencia.
La reunión también dejó una señal respecto de la carrera por la Provincia. Massa impulsó al intendente de San Fernando, Juan Andreotti, como uno de los posibles competidores para suceder a Kicillof, aunque aclaró que acompañará a otros integrantes de la Liga que decidan presentarse.
El Frente Renovador quiere llegar a las PASO bonaerenses con candidato propio y Andreotti aparece hoy como una de sus principales cartas.
El objetivo sería llegar a una primaria ordenada, eventualmente con dos o tres postulantes que representen las distintas vertientes del peronismo, evitando una fragmentación incontrolable. Allí se cruzarán las aspiraciones del massismo con las del MDF, La Cámpora, los intendentes y eventualmente otros sectores provinciales. La sucesión de Kicillof promete convertirse en una elección dentro de la elección: quien domine Buenos Aires tendrá una plataforma formidable para condicionar al próximo gobierno nacional.
La tercera pata de este triángulo continúa siendo el cristinismo. La Cámpora conserva conducción partidaria, legisladores, intendentes y una organización territorial que impide imaginar una definición presidencial peronista prescindiendo de ese sector.
La relación entre Kicillof y el núcleo kirchnerista continúa atravesada por las disputas que se acumularon durante los últimos años. Massa intenta ubicarse precisamente en ese espacio intermedio: suficientemente cerca de todos para negociar y suficientemente autónomo para conservar una candidatura propia.
Esa posición puede otorgarle una ventaja si la confrontación entre las otras terminales se vuelve irreconciliable, pero también entraña un riesgo: que su vocación presidencial genere desconfianza entre quienes deberían aceptarlo como mediador. Un árbitro que también puede ponerse la camiseta y entrar a la cancha nunca será completamente neutral.
La gran incógnita es si Massa pretende construir el acuerdo para otro candidato o si espera que el acuerdo termine inevitablemente desembocando en él.
Por encima de las peleas internas aparece el factor que empuja al peronismo hacia algún tipo de entendimiento: Javier Milei buscará la reelección en 2027 y conserva una base electoral suficientemente importante como para obligar a la oposición a evitar una fragmentación suicida. Massa transmitió a los intendentes que, sin unidad, el peronismo tendrá enormes dificultades para ser competitivo.
El miedo a regalarle la elección a Milei puede terminar funcionando como el cemento que hoy no consigue producir ninguna de las facciones por sí sola.
La experiencia de 2023 pesa inevitablemente sobre Massa. Fue el candidato presidencial de Unión por la Patria, consiguió ingresar al balotaje y terminó derrotado por Milei, después de cargar durante la campaña con el desgaste de ocupar simultáneamente el Ministerio de Economía en un contexto inflacionario crítico.
Si vuelve a intentarlo, esta vez buscará hacerlo desde otro lugar: no como ministro responsable de una economía en crisis, sino como dirigente opositor que pretende reunir las piezas dispersas del peronismo.
Por ahora Massa no proclamó formalmente su candidatura y sería prematuro presentarla como una decisión irrevocable. Pero los movimientos territoriales, las declaraciones de sus dirigentes, las reuniones seccionales y sus propias frases ante los intendentes permiten afirmar que la alternativa presidencial está completamente abierta.
Massa salió del silencio y comenzó a construir poder justo cuando el peronismo entró en la etapa decisiva de su reorganización para 2027.
Su estrategia tiene una sofisticación evidente: fortalecer el Frente Renovador sin romper Fuerza Patria, respaldar las PASO sin renunciar a los acuerdos, hablar con Kicillof sin integrarse al MDF y dialogar con el cristinismo sin quedar subordinado a La Cámpora.
Massa quiere ser imprescindible antes de decidir si quiere ser candidato, porque en política muchas veces la mejor candidatura es aquella que los demás terminan necesitando.
La frase elegida frente a los intendentes sintetiza perfectamente esa ambición: “Quiero ser el arquitecto de la unidad”