domingo 20 de septiembre de 2026 - Edición Nº5678

Política | 20 Sep

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Myriam Bregman puede ser presidenta en 2027 con el voto de mujeres y jóvenes

20:33 |La dirigente del FIT-U creció en imagen y voto durante 2026. Mujeres y jóvenes empujan un fenómeno que busca transformar simpatía en poder.


Myriam Bregman llegó a septiembre de 2026 convertida en una anomalía de la política argentina: la diputada del FIT-U, nacida en Timote, pasó del 2,70% presidencial de 2023 a registros de dos dígitos en algunos sondeos nacionales y alcanzó hasta 47% de imagen positiva. La izquierda encontró en Bregman una figura que empezó a caminar bastante más lejos que su propia estructura. El fenómeno se alimenta de su exposición frente a Javier Milei, una historia atravesada por derechos humanos y feminismo y un núcleo electoral donde algunas mediciones detectan fuerte presencia de mujeres y jóvenes.

Hace apenas tres años, las urnas parecían haber colocado un límite conocido. Bregman y Nicolás del Caño obtuvieron 709.932 votos en las presidenciales de 2023: 2,70% de los sufragios afirmativos. En marzo pasado, Tendencias realizó un estudio nacional online sobre 3.417 electores y la ubicó en 11,4% en un escenario presidencial restringido, con 42,1% de imagen positiva. No son números directamente comparables, pero la diferencia de escala es demasiado grande como para ignorarla. La misma advertencia metodológica resulta indispensable: una encuesta tomada más de un año antes de las elecciones no anticipa el resultado de 2027.

Abril agregó combustible. AtlasIntel la registró con 47% de imagen positiva y 46% negativa, mientras casi todos los restantes dirigentes evaluados tenían saldo desfavorable. A fines de julio, el Observatorio de Psicología Aplicada de la Universidad de Buenos Aires volvió a encontrarla arriba en otra medición: 44% positiva y 43% negativa sobre 2.895 casos. Dos estudios diferentes habían detectado algo que excedía ampliamente el voto histórico de la izquierda. Pero septiembre agregó un baño de realidad: D'Alessio IROL-Berensztein la midió en 40% positiva y 56% negativa, confirmando que su valoración es elevada pero está lejos de una evolución lineal.

La intención presidencial presenta todavía más dispersión. RDT la midió en 6,6% a fines de mayo; Explanans llegó a 12,8% en junio; Proyección Consultores registró 7,7% durante agosto y QSocial produjo escenarios muy diferentes según quién representara al peronismo. Bregman creció, pero todavía no existe una encuesta capaz de convertir ese crecimiento en certeza presidencial. Lo que sí aparece es una novedad política concreta: varias consultoras empezaron a medirla individualmente dentro de escenarios nacionales competitivos y ya no solamente como representación genérica del voto de izquierda.

Para entender cómo llegó hasta ahí hay que viajar 450 kilómetros desde Buenos Aires y salir de los estudios de televisión. Bregman nació el 25 de febrero de 1972 en Timote, una pequeña localidad del partido de Carlos Tejedor, en el oeste bonaerense; su madre tuvo que dejar la escuela para trabajar y su padre fue docente y comerciante. A los 15 años debió mudarse para continuar estudiando y a los 18 llegó con su hermano a la Capital para cursar Derecho en la UBA. Su historia política no empezó en una consultora: empezó en el interior bonaerense y tomó forma en una universidad pública durante los años noventa. Allí comenzó a militar en el Partido de los Trabajadores Socialistas.

No apareció en política buscando primero una banca. En 1997 participó de la fundación del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos, desde donde abogados asistían a manifestantes detenidos durante las protestas de aquellos años. Después de la crisis de 2001 acompañó conflictos y experiencias de fábricas recuperadas como Brukman y Zanon. Antes de aprender a caminar los pasillos del Congreso, Bregman había pasado por comisarías, fábricas, movilizaciones y expedientes. Esa prehistoria institucional terminó siendo uno de los componentes más reconocibles de su identidad pública posterior.

Después llegaron los juicios por delitos de lesa humanidad y una historia que marcaría definitivamente su trayectoria. Bregman intervino como abogada y querellante en procesos contra represores de la última dictadura y fue una de las abogadas de Jorge Julio López, sobreviviente y testigo contra Miguel Etchecolatz, que desapareció en 2006. López convirtió para Bregman la lucha contra la impunidad en algo mucho más personal que una consigna partidaria. Ella misma sostiene que aquella desaparición le cambió la vida y que desde entonces decidió dedicarla a esa pelea.

La otra avenida que terminó acercándola a una generación diferente fue el feminismo. Participó de Pan y Rosas, de Ni Una Menos y de las campañas por la legalización del aborto, aprobada finalmente por el Congreso en 2020. Mucho antes de que la marea verde se transformara en una gigantesca cantera política de adolescentes y mujeres jóvenes, Bregman ya transitaba ese territorio. No llegó al feminismo después de las encuestas: las encuestas llegaron décadas después de su militancia feminista. Esa continuidad ayuda a explicar una parte de su identificación actual, aunque no autoriza a adjudicarle la representación de las mujeres argentinas.

Y ahí aparece uno de los números más sugestivos de todo el fenómeno. Una medición difundida este año encontró para Bregman 44,1% de imagen positiva general, pero entre mujeres esa valoración trepaba al 54,2%, contra 32,6% negativa. La grieta de género alrededor de su figura merece mucha más atención que una simple tabla de dirigentes. El mismo trabajo, sin embargo, no encontró que la valoración positiva disminuyera claramente con la edad; por eso sería incorrecto convertir automáticamente buena imagen entre mujeres en un supuesto monopolio sobre el electorado femenino joven.

Existe otro estudio todavía más revelador, aunque requiere una advertencia sobre su procedencia. Un análisis publicado por La Izquierda Diario sobre una base de Tendencias examinó el núcleo de 12,6% que elegía a Bregman en un escenario ampliado: 62% eran mujeres, 57% tenían menos de 35 años, 25,5% eran estudiantes y 78% atravesaban dificultades económicas. En esa fotografía puntual, el corazón del voto bregmanista tenía rostro joven, femenino y económicamente golpeado. La interpretación fue realizada por un medio ligado al PTS y no debe confundirse con un estudio independiente; los datos sirven como indicio para contrastar con nuevas mediciones.

Su camino electoral, mientras tanto, fue lento y bastante menos glamoroso. Pasó por candidaturas legislativas, compitió por la Jefatura de Gobierno porteña, acompañó a Del Caño como candidata a vicepresidenta en 2015, ocupó bancas mediante el sistema de rotación acordado por la izquierda y fue legisladora porteña antes de encabezar la fórmula presidencial en 2023. Durante años perdió elecciones, compartió bancas y militó desde porcentajes pequeños antes de convertirse en una figura nacional. Desde diciembre de 2025 volvió a Diputados por la Ciudad de Buenos Aires, con mandato hasta diciembre de 2029.

La elección legislativa de 2025 dejó además un antecedente menos abstracto que cualquier encuesta. Encabezando al FIT-U en la Ciudad de Buenos Aires, Bregman obtuvo alrededor de 9,12% y consiguió ingresar nuevamente a Diputados. La Libertad Avanza ganó ampliamente ese distrito, pero la izquierda consiguió colocar a su principal dirigente muy por encima del 2,70% presidencial nacional de dos años antes. Por primera vez había una urna reciente acompañando, al menos en territorio porteño, parte de aquello que después empezarían a mostrar los sondeos. No alcanza para extrapolar ese comportamiento al país, pero tampoco permite reducir todo a popularidad televisiva.

El verdadero salto comunicacional había ocurrido antes, durante los debates presidenciales de 2023. Frente a Milei, Bregman consiguió instalar la expresión “gatito mimoso del poder económico”, una definición que atravesó la militancia, llegó a las redes y quedó asociada a aquella campaña. Su mayor virtud comunicacional fue encontrar ironía sin abandonar una identidad ideológica extremadamente definida. El País describió en mayo ese contraste entre ambos dirigentes y señaló su confrontación sostenida con el Gobierno como uno de los componentes de la visibilidad que terminó reflejándose en las encuestas.

Bregman juega, además, con una ventaja poco habitual en tiempos de dirigentes fabricados por focus groups: prácticamente nadie necesita preguntarle qué piensa. Su espacio se define como antiimperialista, anticapitalista y socialista, plantea un gobierno de trabajadores y propone una ruptura con el capitalismo. La misma identidad que puede construirle un piso sólido también puede transformarse en el paredón que limite su expansión. En política presidencial, la nitidez ideológica sirve para fidelizar; el desafío aparece cuando llega el momento de persuadir a millones de personas que no comparten el programa completo.

Incluso su crecimiento digital es menos obvio de lo que podría suponerse. Un estudio de Ad Hoc Comunicación realizado sobre la conversación en redes entre enero y mayo describió a Bregman como un fenómeno real que todavía no encontraba un soporte equivalente en comunidad digital: su presencia aparecía concentrada en actividad parlamentaria y apariciones mediáticas, sin una maquinaria persistente semejante a la observada alrededor de otros espacios. La dirigente creció en las encuestas más rápido que su aparato digital. Para una construcción presidencial eso puede ser una reserva de expansión, pero también revela cuánto falta para transformar notoriedad en organización capilar.

En el territorio aparece otra dificultad. El FIT-U posee presencia política en buena parte del país, pero ninguna estructura de izquierda comparable con las redes municipales, sindicales y provinciales acumuladas durante décadas por el peronismo o con los recursos políticos de un oficialismo nacional. Bregman puede ser conocida en una facultad de La Plata, una marcha porteña o una pantalla de televisión; ganar una elección presidencial exige fiscales, candidatos, militantes y organización desde Jujuy hasta Tierra del Fuego. La televisión construye conocimiento; la territorialidad transforma conocimiento en poder. Ese es uno de los grandes exámenes pendientes si el fenómeno pretende abandonar definitivamente los márgenes.

Y después está el peronismo, el vecino incómodo de cualquier proyecto de izquierda con ambición nacional. Una porción de los sectores sindicales, universitarios, feministas y populares que Bregman busca interpelar también forma parte del electorado que históricamente encontró representación electoral en distintas variantes peronistas. Para crecer de verdad, Bregman necesita disputar votos dentro de un territorio político donde la izquierda casi siempre perdió la pulseada cuando llegó la hora de elegir Presidente. Las variaciones que muestran los escenarios de QSocial según quién encabeza la opción peronista sugieren precisamente que la oferta de ese espacio puede modificar de manera importante el volumen disponible para la izquierda.

También existe una paradoja interna. La instalación personal de Bregman es hoy considerablemente mayor que la de la mayoría de los dirigentes de su espacio, pero el FIT-U está integrado por el PTS, Partido Obrero, Izquierda Socialista y MST, organizaciones que conservan estrategias y conducciones propias. Una figura presidencial puede crecer más rápido que la coalición destinada a sostenerla. Incluso antes de discutir cómo ampliar hacia millones de independientes, la izquierda deberá resolver su propia rosca: candidatura, programa, estrategia electoral, territorialidad y relación con los movimientos sociales que orbitan por fuera de sus partidos.

Su actividad parlamentaria aporta otra pieza para entender el perfil que intenta construir. La Cámara registra centenares de proyectos con su firma a lo largo de sus mandatos y, solamente en septiembre, presentó iniciativas relacionadas con endeudamiento de repartidores y mecanismos de cobro de créditos. Bregman busca que su exposición mediática no quede divorciada de conflictos laborales y económicos concretos. La discusión hacia 2027 será seria si esa agenda puede ensancharse desde los núcleos históricamente vinculados a la izquierda hacia electores preocupados principalmente por inflación, empleo, seguridad, crecimiento y administración del Estado.

Hay además una precisión histórica indispensable. Decir que Bregman podría convertirse simplemente en la “primera presidenta de izquierda” abre una discusión interminable sobre cómo clasificar ideológicamente a gobiernos argentinos anteriores. Existe una formulación bastante más exacta: una eventual victoria la convertiría en la primera dirigente proveniente de una organización trotskista, socialista y anticapitalista como el PTS/FIT-U en alcanzar la Presidencia argentina. Ese hecho sí representaría una ruptura histórica difícil de discutir semánticamente. Su propia fuerza explicita esas definiciones ideológicas y no intenta disimularlas.

La matemática electoral, sin embargo, pone el freno que necesita cualquier investigación seria. Para ganar en primera vuelta se requiere más del 45% de los votos afirmativos o al menos 40% y una diferencia superior a diez puntos sobre la segunda fórmula; de lo contrario hay balotaje. Bregman aparece entre 6,6%, 7,7%, 11,4% o 12,8% según diferentes estudios y momentos de 2026. Crecer desde 2,70% hasta esos registros sería un salto enorme; transformarlos en una mayoría presidencial exigiría otro salto todavía mucho mayor. Ninguna encuesta disponible permite convertir hoy esa distancia en una predicción de victoria.

Pero sería igualmente miope mirar solamente esa distancia y concluir que nada cambió. Hace tres años Bregman terminó quinta con menos de tres puntos; hoy encabeza o aparece entre las figuras de mejor valoración en algunos estudios, supera el 40% de imagen favorable en varias mediciones y algunas encuestas la colocan en dos dígitos de intención presidencial. El dato político de 2026 no es que Bregman esté camino seguro a la Casa Rosada: es que la izquierda consiguió una figura cuyo reconocimiento social desborda claramente todos sus resultados presidenciales anteriores. Incluso la Casa Rosada comenzó a analizar políticamente ese crecimiento y su eventual impacto sobre la fragmentación opositora.

El interrogante más interesante aparece justamente allí. Si su imagen permanece alrededor de cuarenta puntos pero el voto queda en siete, ocho o diez, Bregman habrá construido respeto transversal sin traducirlo en mayoría política. Si una parte creciente de quienes hoy la valoran empieza a considerarla efectivamente como opción presidencial, la izquierda estará ante un escenario distinto de todos los que conoció desde la creación del FIT en 2011. La brecha entre caer bien y ser elegida será el verdadero termómetro del fenómeno Bregman durante los próximos doce meses. Por eso las próximas encuestas importarán menos por el ranking de dirigentes que por la evolución simultánea de imagen, voto seguro, voto probable y rechazo.

De Timote a Derecho de la UBA; de las comisarías de los noventa a las fábricas recuperadas; de Jorge Julio López a la marea verde; del 2,70% presidencial a encuestas que comenzaron a colocarla en otra escala. Esa secuencia explica por qué el apellido Bregman dejó de pertenecer exclusivamente al pequeño universo electoral de la Izquierda. La pregunta que hace pocos años parecía una provocación hoy merece una investigación: hasta dónde puede llegar una dirigente trotskista en la pelea presidencial argentina. Los datos todavía no responden que pueda ganar en 2027; sí muestran que su crecimiento ya obliga a mirar una hipótesis política que antes ni siquiera entraba en la rosca grande.


Lo que tenés que saber sobre Myriam Bregman


Myriam Bregman nació en Timote en 1972, es abogada de la UBA, dirigente del PTS, referente del FIT-U y actualmente diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires. Participó en causas de lesa humanidad, fue abogada de Jorge Julio López, militó en conflictos obreros y forma parte del movimiento feminista. Su novedad política en 2026 está en la escala: varias encuestas registraron una imagen superior al peso electoral histórico de la izquierda y la colocaron en dos dígitos presidenciales.

Entre las mujeres aparecen señales especialmente relevantes: un estudio registró 54,2% de imagen positiva femenina y el análisis de una encuesta de Tendencias encontró que las mujeres representaban 62% y los menores de 35 años 57% de un núcleo electoral de Bregman.

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