Una ácida parodia televisiva que mostró un supuesto "contenedor deportador" de indigentes encendió esta semana una feroz controversia en los pasillos de Uspallata sobre el verdadero alcance del modelo de seguridad de Jorge Macri.
Más allá del absurdo humorístico sobre tachos inteligentes, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires mantiene en septiembre de 2026 una política real de retenes en accesos, despliegues policiales masivos como el operativo Tormenta Negra en las villas porteñas y el bloqueo de materiales de construcción que abrieron un duro frente de conflicto con el arzobispo Jorge García Cuerva.
El contraste entre la ficción y la gestión cotidiana expone una narrativa gubernamental montada de manera explícita sobre la consigna de “Ley y orden”.
La decisión política de catalogar los controles en la General Paz como un “muro de control para proteger a los porteños de lo peor del conurbano” no provino de una filtración opositora, sino de los propios canales de comunicación oficiales del Ejecutivo porteño.
Detrás del marketing de la autoridad, el despliegue territorial muestra marcas físicas concretas en el tejido urbano. En el Barrio Padre Mugica (ex Villa 31), la administración clausuró cinco de sus 13 accesos vehiculares, instaló bolardos permanentes y desplegó fiscalizaciones para frenar el paso de insumos de construcción, aplicando métodos que luego trasladó a La Carbonilla mediante cierres y demoliciones inmediatas con topadoras.
La Iglesia Católica salió al cruce de esta estética del control con dureza. El monseñor Jorge García Cuerva advirtió sobre la “estigmatización y el hostigamiento” que sufren los barrios populares cuando la respuesta estatal se reduce a una exhibición de fuerza, mientras la Casa de la Ciudad defiende los 27 detenidos, las 113 motos secuestradas y el desalojo de 19.000 manteros como actos legítimos de recuperación del espacio público.
Jorge Macri militariza la pobreza y el sketch de Pagni convirtió su política en una sátira feroz pic.twitter.com/3cmPnXlQQc
— Visión Política (@VisionPoliticaV) September 23, 2026
La rosca política en la Capital Federal gira en torno a la frontera discursiva y material que la gestión macrista trazó sobre el Conurbano bonaerense. Con el pretexto de combatir el delito transjurisdiccional, la colocación de retenes aleatorios sobre puentes y avenidas transformó el flujo diario de trabajadores en un escenario de permanente sospecha policial, alimentando la polarización electoral con la Provincia de Buenos Aires.
El operativo Tormenta Negra se convirtió en el símbolo más corrosivo de esta doctrina territorial. Aunque las fuerzas de seguridad lograron cerrar cinco búnkers de droga y clausurar 25 comercios irregulares, la puesta en escena masiva con más de 1.500 efectivos reactivó los fantasmas de la discriminación, especialmente cuando el propio Jorge Macri prometió la expulsión inmediata de cualquier extranjero que viniera a cometer contravenciones.
El endurecimiento con los vendedores ambulantes en Once, Flores y Retiro completa la arquitectura de esta muestra de autoridad. Cada vereda liberada de manteros se celebra en las redes sociales gubernamentales como un triunfo del comercio formal, omitiendo el trasfondo social de miles de personas que pierden su única vía de subsistencia en medio de la recesión económica nacional.
En los despachos macristas la respuesta es tajante: aseguran que no se persigue la condición social sino la ilegalidad abierta. Sin embargo, la selección deliberada de la terminología oficial —desde “Tormenta Negra” hasta el “muro de control”— demuestra que la comunicación oficial eligió gobernar a través del miedo y la fragmentación social, alimentando la sátira que hoy ridiculiza la política de seguridad porteña.
