La celebración privada de la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, derivó en un incómodo escándalo administrativo en Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La funcionaria festejó su cumpleaños con la participación presencial de la banda de la Gendarmería Nacional Argentina, una fuerza militarizada que depende de su propia cartera en Argentina.
El episodio cobró estado público tras un posteo del secretario de Coordinación Administrativa, Martín Siracusa, quien difundió la escena en redes y luego borró la publicación de Instagram.
El escándalo encendió alarmas en los pasillos oficiales por la utilización de recursos, uniformes y personal estatal para un evento particular. La presencia de los músicos de la fuerza de seguridad nacional requiere fundamentación oficial, dado que la legislación prohíbe destinar medios públicos a usos privados.
Desde el Ministerio de Seguridad Nacional guardan silencio, mientras la oposición exige copias de los actos administrativos que autorizaron el desplazamiento de los gendarmes.
La publicación que destapó la maniobra provino del responsable de la caja presupuestaria de la cartera. En su rol dentro de la Secretaría de Coordinación Administrativa, Martín Siracusa administra los fondos, bienes y contrataciones de las fuerzas federales en el país.
El hecho de que quien maneja las finanzas fuera el encargado de difundir y posterior ocultar las imágenes levantó suspicacias en la Justicia Federal sobre quién financió el traslado del personal militar.
Eliminar la historia de la plataforma virtual no clausura la investigación sobre las responsabilidades administrativas. Distintos sectores remarcan que las fuerzas de seguridad no constituyen un servicio de catering ni cotillón para los funcionarios de turno. Alejandra Monteoliva enfrenta el compromiso ético de presentar la orden de servicio interna que justificó la velada, o demostrar si existió algún tipo de rendición de gastos por parte de la funcionaria.
El incidente deja expuesta una preocupante confusión entre la función pública y los beneficios personales en la cúpula del gobierno. Quienes conducen las políticas de austeridad deben garantizar la transparencia de sus actos ante la sociedad. De no mediar un informe oficial con las partidas correspondientes, el festejo institucional continuará funcionando como una muestra de privilegios con los recursos del Estado.
La falta de aclaraciones oficiales profundiza el desgaste comunicacional de la gestión de la seguridad pública. En medio de reclamos por salarios y equipamiento para las fuerzas federales, la utilización del personal en celebraciones de ministros genera malestar en las tropas. Las explicaciones pendientes determinarán si el episodio se resuelve con una disculpa pública o si derivará en un expediente en la Auditoría General.