El fútbol argentino ha perfeccionado su capacidad para devorar procesos. Lo que sucede en las canchas de La Plata, el Conurbano o el Interior del país ya no es una racha negativa, es un sistema diseñado para la urgencia.
Con la reciente desvinculación de Fernando Zaniratto tras apenas un puñado de partidos, la estadística es aterradora: 11 entrenadores sobre 28 equipos perdieron su puesto en tan solo 12 fechas.
La impaciencia de los hinchas y la fragilidad de las Comisiones Directivas han reducido la vida útil del director técnico a niveles récord. Salvo excepciones contadas, como el ciclo histórico de Eduardo Domínguez en Estudiantes de La Plata, el resto de los clubes parece atrapado en una calesita de nombres que no llegan a cumplir siquiera un semestre de trabajo.
Cifra alarmante: 11 técnicos afuera en menos de 3 meses de competencia.
El récord: Más del 35% de los equipos de la Liga Profesional ya cambiaron de conductor.
Caso testigo: Fernando Zaniratto duró apenas 19 partidos en su ciclo.
Excepciones: Solo Eduardo Domínguez (Estudiantes) y Marcelo Gallardo (River) superaron la barrera de los 80 partidos antes de salir.
Alcance federal: La crisis afecta desde el Conurbano hasta Mendoza, Córdoba, Rosario y Mar del Plata.
El contraste es brutal. Mientras Eduardo Domínguez cerró una etapa dorada en Estudiantes con 164 partidos en el lomo y títulos bajo el brazo, otros nombres como los de Favio Orsi y Sergio Gómez en Newell’s apenas duraron 6 encuentros.
La brecha entre el respaldo institucional y el resultado inmediato se ha vuelto insalvable.
Incluso figuras de peso como Marcelo Gallardo en River o el propio Eduardo Domínguez decidieron poner fin a sus ciclos por desgaste propio, entendiendo que el contexto argentino no permite segundas oportunidades tras una seguidilla de malos resultados.
En la otra vereda, técnicos como Damián Ayude en San Lorenzo o Fernando Zaniratto en el Lobo fueron despedidos de manera intempestiva por dirigencias que buscan en el cambio de nombres un escudo para sus propias gestiones.
La crisis no distingue presupuestos ni geografías. En el Noroeste, Atlético Tucumán despidió a Hugo Colace tras 10 partidos. En Mar del Plata, Aldosivi cortó el ciclo de Guillermo Farré. En Mendoza, Ariel Broggi dejó su cargo en Gimnasia (Mza), y en el Conurbano, el modesto Riestra hizo lo propio con Gustavo Benítez.
La pregunta que recorre los pasillos de la AFA y de cada club es siempre la misma: ¿Quién sobrevive al próximo domingo? Con un promedio de un técnico despedido por fecha, el fútbol argentino se ha convertido en una carrera de supervivencia donde el "proyecto" es solo una palabra vacía en una conferencia de prensa de presentación.