La política argentina siempre encuentra una manera de correr un poco más el límite. La intendenta de Avellaneda inauguró el Multiespacio Magdalena Sierra en la Escuela Secundaria Nº4 y posó frente al cartel que lleva su propio nombre. El homenaje no llegó después de su gestión: llegó mientras ocupa el sillón municipal. Y ella misma difundió el acto en sus redes.
La sala no apareció por generación espontánea: fue construida por la cooperadora escolar con subsidios entregados por el municipio por un total de $24.000.000. Según la información difundida localmente, fue la comunidad educativa la que decidió ponerle el nombre de la intendenta como agradecimiento. La plata fue pública, la obra fue escolar y el nombre elegido terminó siendo el de quien conduce el municipio que aportó los fondos.
Sierra no escondió su satisfacción. En la publicación con la que presentó el nuevo espacio aseguró “Me emociona profundamente que hayan decidido ponerle mi nombre, es realmente un honor” y reivindicó la inversión en educación pública. La intendenta no se puso ella misma el nombre, según la versión difundida, pero tampoco esquivó el homenaje: fue, cortó la cinta y lo celebró.
El problema dejó rápidamente de ser solamente estético. El concejal opositor Lucas Yacob puso sobre la mesa la Resolución 451B/2023 de la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense, que establece reglas para imponer nombres a establecimientos y dependencias escolares. Para homenajear a una persona, la regla general exige que hayan pasado al menos diez años desde su fallecimiento. Si transcurrió menos tiempo, la normativa contempla la solicitud de una excepción.
La cuestión es todavía más fina porque no se trata del nombre completo de la escuela sino de una dependencia interna. Sin embargo, el reglamento citado incluye expresamente bibliotecas, gimnasios, auditorios, salones de actos, aulas y otros espacios educativos. Por eso la pregunta administrativa sigue en pie: ¿existió una excepción formal que habilitara bautizar la sala con el nombre de una funcionaria en actividad? Hasta ahora no trascendió públicamente esa autorización.
La oposición encontró allí combustible puro. Yacob definió el episodio como “un autohomenaje en vida”, mientras otros dirigentes cuestionaron la personalización de un espacio perteneciente a una escuela pública. En los pasillos de Avellaneda, una inauguración educativa terminó convertida en material para la rosca. La discusión ya escapó de Gerli y alcanzó repercusión nacional.
Hay además una versión todavía más sensible: distintos medios señalaron que entre las alternativas propuestas para el espacio habría aparecido el nombre “Héroes de Malvinas”. Pero ese punto necesita un asterisco enorme: no existe hasta ahora documentación pública que permita reconstruir cómo fue la votación ni demostrar que esa propuesta haya sido desplazada por decisión municipal. Por eso corresponde presentarlo como una versión publicada y no como un hecho comprobado.
La controversia tampoco aterriza en un territorio políticamente neutro. Sierra llegó a la intendencia en julio después de la salida de su marido, Jorge Ferraresi, uno de los dirigentes más cercanos al gobernador Axel Kicillof y con aspiraciones de disputar la sucesión bonaerense. En Avellaneda cambió el nombre sentado en el despacho principal, pero el poder siguió orbitando alrededor del mismo matrimonio político.
Un mes después ocurrió otro movimiento que hizo ruido: Sierra creó la Jefatura de Asesoramiento Institucional y puso precisamente a Ferraresi al frente. El decreto estableció remuneración y adicionales por título universitario, dedicación exclusiva y computación. La intendenta que reemplazó a su marido terminó contratando a su marido como funcionario de la misma Municipalidad que él acababa de dejar.
Y allí apareció otra cifra explosiva. Yacob calculó que la remuneración de Ferraresi superaría los $10 millones mensuales, aunque ese monto corresponde a una estimación del concejal y no a una cifra oficial confirmada por el municipio. Entre el marido convertido en asesor y la esposa homenajeada en una escuela, la oposición encontró servida la postal que necesitaba.
Sierra, mientras tanto, reivindica otra fotografía de su gestión: inversión municipal en infraestructura educativa, subsidios a cooperadoras y trabajo conjunto con la Provincia de Buenos Aires. En la misma jornada inauguró obras por más de $273 millones en el Jardín 906 y destacó su coincidencia educativa con Kicillof. Ese es el argumento oficial que la polémica amenaza con sepultar: detrás del cartel también hubo obras concretas en escuelas.
Pero la política vive de símbolos y éste resultó demasiado difícil de ignorar. Una funcionaria en actividad, esposa del intendente que la precedió y que ahora trabaja como asesor de su gobierno, inauguró una dependencia escolar financiada parcialmente por el municipio que lleva su nombre. En Avellaneda quisieron cortar una cinta y terminaron abriendo una discusión sobre poder, personalismo y límites institucionales. Ahora falta la respuesta clave: quién autorizó formalmente el bautismo del Multiespacio Magdalena Sierra.
Magdalena Sierra conduce Avellaneda desde julio de 2026 tras la salida de su marido Jorge Ferraresi. El Multiespacio de la Secundaria Nº4 fue construido por la cooperadora con $24 millones en subsidios municipales y bautizado con su nombre. La oposición cuestiona si la denominación se ajusta al reglamento provincial; hasta ahora no se difundió públicamente una eventual excepción administrativa. Ferraresi, además, fue posteriormente designado jefe de Asesoramiento Institucional por la gestión de su esposa.