El negocio del fútbol argentino y la política feudal volvieron a manchar la pelota en la Argentina. El presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio "Chiqui" Tapia, y el tesorero Pablo Toviggino enfrentan duras denuncias por presuntos beneficios arbitrales direccionados hacia San Martín de Formosa.
El club apadrinado por el gobernador Gildo Insfrán busca abrochar su pase a la Primera Nacional, desatando el repudio de la dirigencia del interior ante una rosca dirimida con silbatos serviles.
El detonante que dejó al descubierto la maniobra ocurrió durante el cruce en Río Cuarto, cuando el juez del encuentro omitió una ostensible mano dentro del área formoseña que debió sancionarse con tiro penal.
No es el único caso los clubes que han sido favorecidos, ha habido muchos casos y con hincapie en el interior del país pero a su vez, pero también en la provincia de Buenos Aires en que en el enfoque esta puesto en Tristán Suarez con posibilidad de ascender a Primera División.
Sin la presencia del VAR en la categoría del Torneo Federal A, la AFA utiliza la falta de tecnología para encubrir fallos aberrantes a plena luz del día. Quienes conducen el fútbol nacional convierten las ternas arbitrales en una guardia pretoriana que premia las lealtades del mapa político.
El armado responde a la lógica de poder implementada por Pablo Toviggino desde la caja del Consejo Federal. El dirigente maneja las designaciones de árbitros y los ascensos en el interior como un feudo privado.
La cercanía de Gildo Insfrán con la conducción de la masa societaria de San Martín de Formosa responde a la urgencia del régimen de Formosa de exhibir vitrina deportiva. El modelo reproduce las experiencias de Barracas Central y Deportivo Riestra, donde el silbato pesa más que el mérito.
La definición de la semifinal colocó al Club Olimpo en una posición de alerta máxima en Bahía Blanca. Dirigentes e hinchas del aurinegro saben que no enfrentarán únicamente a once futbolistas en el campo de juego, sino a una estructura arbitral dispuesta a inclinar la cancha.
La opacidad con la que la dirigencia de Viamonte 1366 administra la categoría atenta contra los clubes históricos que invierten en infraestructura y convocan multitudes.
El manejo discrecional del ascenso perforó la credibilidad del deporte nacional. La impunidad con la que se ignoran las infracciones gravísimas confirma que el Torneo Federal A funciona como una moneda de cambio entre dirigentes porteños y caudillos provinciales.
Sin controles externos capaces de auditar las planillas de los jueces, la competencia cae en un lodazal donde la pasión popular es estafada en favor de las cajas políticas.
La contienda en las instancias decisivas obligará a las entidades del interior a levantar la voz para frenar el saqueo institucional. Si la conducción que encabeza Claudio "Chiqui" Tapia insiste en priorizar los favores políticos por encima del reglamento, la legitimidad de los torneos quedará pulverizada.
Resta ver si el arbitraje en el terreno de juego respeta la verdad deportiva o si la rosca del poder termina sellando otro ascenso arreglado en las oficinas del fútbol.
Escándalo en el ascenso: Denuncian fallos arbitrales favorables a San Martín de Formosa para subir a la Primera Nacional.
Padrinazgo de Insfrán: El club formoseño responde al esquema político del gobernador Gildo Insfrán.
El juzgamiento de Toviggino: Pablo Toviggino, tesorero de la AFA, es señalado como el articulador del poder en el Consejo Federal.
Mano sin sanción: Una clara jugada por mano en el área a favor de los formoseños en Río Cuarto encendió las alertas en el país.
Duelo con Olimpo: El equipo formoseño disputa las semifinales contra Olimpo de Bahía Blanca bajo la mirada del interior.